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Mi Cielo EstrelladoCada instante es una estrella September 22 LuzLuz
Nana Luz nació en unas casuchas alejadas de cualquier pueblo cercano. Hija de una mujer robusta de grandes brazos y de padre agricultor con la cara curtida por el sol. A los ocho años fue llevada al campo y comenzó a ayudar a la siembra; sus hermanos insistieron a su padre que el trabajo de la niña era torpe y lento, que era más un gasto que ganancia, así que en un viaje al pueblo la cambio a la familia Reynosa por dos costales de café y varios de semillas. Al principio, Nana Luz se dedicaba únicamente a limpiar la cocina y sacudir cobijas; pero Ernesto Reynosa, el hijo menor, de tan solo dieciséis años, se dio cuenta que era muy trabajadora y comenzó a darle más tareas con el fin de darle más dinero. Él fue el primer y único amor de Nana Luz. Ernesto comenzó a buscarla más seguido, a darle regalos contento de todo lo que ella hacia por él y mientras más la quería, más trabajo le daba; al mismo tiempo que se lo recompensaba con caros vestidos, perfumes, guantes, bolsos, pañuelos y en una ocasión un libro. En ese entonces Luz tenía 14 años, vio el libro con extrañeza y preguntó que era eso. A partir de ahí Ernesto le dio un regalo más, le enseñó a leer y escribir. Días antes del cumpleaños número dieciséis de Luz, los padres de Ernesto salieron de viaje, sí que llegada la fecha los jóvenes se encontraron solos. Luz decidió hacerle una carta de agradecimiento a Ernesto, y él despidió a toda la servidumbre para dejarla como encargada total de la casona Reynosa. Se dice que esa noche Luz se deslizó en la habitación de Ernesto par darle su carta, él la recibió y le dio un beso en la mejilla y a partir de ahí comenzaron a dormir juntos. Durante dos semanas no se les vio a ninguno de los dos y las botellas de leche se fueron agriando en la puerta. A mitad de la tercer semana llegó un carruaje tirado por seis cansados caballos y una dama de edad avanzada bajó justo enfrente de la casa Reynosa, tras de ella, una joven frágil de ojos miel y piel cuidada como la de quienes no han trabajado nunca, comenzó a inspeccionar todo lo que había a su alrededor. Esa noche Luz volvió a su habitación instalada a un lado de la cocina, lloró sin descanso y a la mañana siguiente comenzó con los preparativos de la boda de Ernesto y Lucía, quien había llegado de la capital con su suegra para cumplir con un compromiso hecho diez años atrás.
El día de la boda, el señor Reynosa dio a su hijo sin saber, lo que él más quería: a Luz. Durante diez años sirvió a Lucía sin queja alguna, la asistió en los seis embarazos terminados en aborto y la cuido en los días siguientes. La alimentaba para que tomara fuerzas y volviera intentar de nuevo tener un hijo. Aunque para entonces, Ernesto ya no quería tocar a su esposa no para tener un hijo, no podía dejar de espiar a Luz cuando cargaba baldes de agua y se acercaba tambaleándose y sudorosa hasta la casa, la seguía de reojo cuando se movía de arriba abajo ordenando a los demás sirvientes y sus ojos se llenaban de amor cuando veía la entrega con que cuidaba a su esposa. El dolor de haber tomado una mala decisión lo acosaba y cuando no podía volcar su frustración en el trabajo lo hacía en el alcohol hasta perder la conciencia. Fue así como Lucía quedó embarazada por séptima vez.
Durante ocho meses, Lucía se quedó en cama, sin hacer otra cosa que dormir y comer. Cada dos días la levantaba su esposo y un hermano para llevarla hasta el baño, donde Luz la lavaba con una esponja, le ponía ropa limpia, la perfumaba y hacía que devolvieran a su cama. Ocho meses pasaron de duros sacrificios y de una espera de todos los habitantes de la casa, cuando Lucía parió a una niña transparente con dos rizos rubios coronándole la cabecita, tan pequeña y tan cansada que ni siquiera lloró. Luz cambió todos sus cuidados par ala niña, sacó ropita que le había tejido y l envolvió en una cobija que ella misma había bordado mientras velaba por el sueño de Lucía. Ambas mujeres Reynosa fueron tomando fuerzas tan lentamente que era imperceptible. Cuando la pequeña cumplió un año se celebró una gran fiesta, pero en la noche todos los invitados empezaron a retirarse por un malestar estomacal, en la madrugada las delicadas Lucía y Elisa comenzaron con altas fiebres y al amanecer, Luz tuvo que organizar el velorio de ambas.
Antes de terminar el entierro Luz notó que Ernesto la había seguido durante todo el día con un brillo en los ojos de esperanza que no había tenido ni una sola vez en los últimos trece años. Ella le dijo que se adelantaba a la casa para preparar la cena, llegó apresuradamente, tomó una maleta donde guardó su poca ropa, un pañuelo regalo de Ernesto y todos sus ahorros; con los que compró un boleto al pueblo más lejano. Fue así como Nana Luz llegó a casa de mi madre. February 20 PaulaEste cuentito es de una colección de cuentos que estoy iniciando, a ver si gusta a mis dos lectores entonces me voy trayendo poco a poco los demás.
Paula
Mi nombre es Consuelo, mi madre, Paula, me llamó así por ser de lo que más necesitada estaba el día en que me tuvo. Ella nació siendo una linda bebé, de blanquísima piel y una mata de cabello castaño. Conforme fue creciendo perdió gracia y belleza, al punto que antes de los diez años su familia perdió interés en ella y la puso al cuidado de una nana para que se hiciera cargo de ella hasta el día en que se casará. Nana Luz cuidó y mimó a mi madre de tal manera que nunca se separaban. Ella se levantaba temprano para calentar agua y acarrearla hasta una tina, donde mi madre duraba hasta que el agua se enfriara, luego la frotaba con pétalos de flores, la peinaba, le arreglaba lazos en sus vestidos, le preparaba el desayuno y no se despegaba de ella durante todas sus actividades. Los domingos la bañaba en leche y avena, además de acompañarla a misa para que todos en el pueblo la vieran linda y arreglada.
Mis abuelos trataron de instruirla para que se casara bien pero fracasaron en cada intento. Sus dedos eran muy cortos para tocar el piano, era muy impresionable como para sacrificar a los animales que iban a parar en la mesa y sus alergias no le permitían estar cerca de la cocina. Su vista fallaba mucho para la costura y todo lo que regaba, moría. Pronto su mala capacidad para el hogar se hizo del conocimiento del pueblo y los pocos pretendientes que la rodeaban se alejaron de ella. Al cumplir diecinueve años se murmuraba que sería la próxima solterona, así que su padre prometió en dote todas las crías que tuviera el ganado ese año. Pasaron cuatro meses y ni así se despertó el interés de los solteros. Un martes fresco y nublado llegó al pueblo Felipe Montés, un pescador que regresaba del puerto y recién se enteró de la dote fue a bañarse, a comprar flores y una botella para hacer la proposición.
Don Rafael, mi abuelo, de inmediato dio la bienvenida al forastero, mandó arreglarle el cuarto de huéspedes, anunció una gran boda y mandó marcar todos los becerros que a partir de ese día nacieran. La boda de Paula y Felipe fue todo un acontecimiento, mientras las jóvenes envidiaban el ajuar de novia, las viejas vaticinaban fracaso por ser un matrimonio meramente de intereses, y los jóvenes apostaban con envidia, sobre cuantos becerros se juntarían en el año. Felipe prometió a Paula llevarla a la capital a los tres años de la boda. El primer año trabajaría en la maderería como ayudante, el segundo cuidaría a los becerros y el tercero, tras vender parte del ganado, compraría una gran casa donde se mudarían.
Felipe no esperaba la torpeza de Paula y a las dos semanas de casados y veinte comidas quemadas contrató una sirvienta para que ayudara en la casa. Otras dos semanas pasaron cuando la ayudante se quejo de tener que bañar a Paula, así que Felipe tuvo que mandar llamar a Nana Luz para que le ayudara. Entre las dos mujeres que no esperaba mantener y los caprichos de su esposa,. Felipe comenzaba a desesperarse, pero no dejaba de pensar en la generosa recompensa y trabajaba todas las horas extras que podía. Mientras tanto, Nana Luz ayudaba a mi madre cocinando pasteles que ambas vendían en el mercado para después repartirse las ganancias. Fue un año en que Paula perdió parte de sus sueños, trabajó por primera vez, renunció a las comodidades, comió mucho menos y dejó de tomar sus largos baños. Incluso aprendió a limpiar la casa y se quedo solo con Nana Luz para recortar los gastos de la otra ayudante. El dieciocho de abril se cumplía un año de matrimonio, fecha en que por fin contarían la dote para entregarla, dos días antes para celebrar, Felipe renunció a su trabajo, volvió con una botella de vino y quedó a solas encerrado con su mujer.
Al día siguiente un peón le avisó que había ocurrido un robo en los establos. Felipe fue temeroso de que le hubieran robado la mitad de lo que le correspondía, pero al llgar no encontró un solo becerro o res joven marcada. ¿Cómo? ¿Quién pudo haberme hecho esto? ¿Por qué? Comenzó a cuestionarse, mientras el miedo y la desconfianza crecían en él ¿Alguna vez vi que en realidad marcaran lo que por derecho era mío? ¿no es el ganado más numeroso a pesar de haber sido víctima de hurto? Con todas estas ideas llegó a casa y reclamó a Paula la desvergüenza de su padre, las mentiras, la mala esposa que le habían dado, el año desperdiciado, mientras más pensaba en lo que había perdido más enojado estaba, con Rafael por desleal, con Paula por ser tan común que lo aburría y con él mismo por haber caído en una trampa tan claramente dispuesta para alguien como él. Lanzó un jarrón al piso y corrió de regreso al mar, dejando a Paula sola y embarazada.
Paula, que durante ese año de matrimonio la había pasado creyéndose en un mal sueño vio esto como una buena oportunidad para regresar con sus padres, pero estos no la aceptaron de regreso. Dolida volvió a la casa que Felipe le había construido, volvió la cara hacia Nana Luz que amasaba con más fuerza sabiendo que ahora dependerían solo de los pasteles para vivir; sus ojos se llenaron de lágrimas y preguntó: - ¿Y ahora Nana? ¿Qué hago yo ahora? - Trabajar – le contestó Nana Luz y fue por leña para encender el horno.
Samuel Estrada llegó tres meses después, cuando a Paula apenas se le notaba el embarazo, pero su indisposición era tal que solo Nana Luz salía a vender pasteles. Para suerte de Paula, Estrada se vio interesado en la mujer de la historia de los becerros robados que aun se contaba por el pueblo, a falta de algo mejor, y la buscó para proponerle matrimonio. Aunque Paula vivía sola, seguía estando casada con Felipe, de tal manera que el enlace con Estrada fue imposible. Como solución al problema, el abrió una pequeña panadería y después de entrevistarse con varias personas decidió que la mejor persona que podía trabajar para él era Paula Montés. Paula entraba a trabajar a las 6 de la mañana, acompañada de un sol renovante y una incipiente panza, mientras pasaba tiempo y más gorda se iba poniendo menos días volvía a su casa. Casa que, Nana Luz cuidó durante todos los meses de ausencia de su dueña. En enero, cuando el frío congelaba los huesos y la gente salía a la calle solo por obligación, Paula regresó a casa llorando pues Estrada acababa de vender la panadería y se dirigía a la capital. Tres días seguidos lloró hasta que se le secaron las lágrimas y el vientre mismo, de manera que éste me expulsó un 16 de enero de hace ya 25 años.
Durante dos años volvimos a vivir de los pasteles de Paula y Nana Luz, nos acostumbramos al ruido que cada una hacia en la casa, Nana Luz dejó de ser una sirvienta y tenía la recamara principal que compartía conmigo. Paula se quedó en una habitación más pequeña, llorando por las noches y trabajando durante el día. Volvíamos de misa un día en que Estrada se presentó en la casa, ataviado de un traje y zapatos lustrosos en un carruaje que no era tirado por caballos. El único recuerdo que tengo de Paula, mi madre, son unos ojos oscuros carentes de brillo mirándome fijamente, sus cabellos crespos rozándome la mejilla me besaba, su espalda cuadrada mientras subía a un auto y una mano agitando un pañuelo por la ventanilla.
Durante tres años viví al cuidado de Nana Luz, antes de que llegará Tía Olivia por mí. Fueron los tres años más felices de mi vida, Nana Luz me enseñaba a hacer dulces para pasteles y luego me permitía una rebanada antes de dormir. En invierno nos acurrucábamos juntas y en verano me contaba cuentos mientras cocíamos fresas para pasteles. Un día que estaba muy cansada me subí en sus piernas y le pedí un cuento, me miró con la imaginación gastada y me contestó: - Te voy a contar el cuento de mi vida.
November 26 SueñosSoñar se ha vuelto tan extraño para mí en estos días, Un día soñar me mantiene a flote, otro día, me destruye. No sé que me hace más daño, creer o dejar de creer, La expectativa o el ya no esperar. Cuando tengo esperanza me siento fuerte, pero luego abro los ojos, Reacciono y me doy cuenta que las cosas no pueden ser como deseo; entonces me duele. Otros días, ando autómata sin creer en lo que me dicen, sin creerte a ti, sin sueños ni ilusiones, cansada simplemente de haber creído: derrotada. Y no sé que es más cansado, soñar y darse cuenta que solo sueños son O no tener nada a que aferrarme, flotar por siempre en esta dolorosa realidad. September 03 Con dedicatoriaLa luna ha salido desnuda a jugar, sin más testigos que el cielo pintado en violeta que se divierte tiñendo mis sueños en colores. En su espalda dibujo corazones, mientras su acompasado respirar me da una serenidad casi irreal. Su latido es el mío, lo sé desde la primera vez que estuvimos de esta manera, desnudos, enredados en piel, deseo y caricias. Su aroma esta impregnado en mi cabello, en mis piernas, en mis papilas olfativas y gustativas, esta en todo lo que soy. Mis sueños son ahora compartidos, mi tiempo es de dos, mi respirar se ha vuelto dependiente. Lo encuentro en mis senos y en mi vientre, en mi ombligo, en mis gotas de sudor que caen sobre su pecho, en cada suspiro. Su existir domina el mío. La luna sale y nos encuentra desnudos, en una de esas tantas noches en que la entrega de cuerpos representa el alma que le entregue hace varios ayeres. April 29 Anciana Infantil ¿Cuántos años crees que soy mayor que tú?
Y te quedas sin respuesta, porque no sabes si basarte en mi sonrisa de infante o en las lágrimas milenarias.
¿Cómo se calcula la edad del alma? Por las cicatrices, por las vivencias, por los recuerdos...
Niña, joven, adulta, anciana... ¿En qué parte del alma basarte? ¿Qué parte del corazón escuchar?
Porque estoy formada de sueños, de vida, de pasado, de presente y una pizca de futuro.
¿Qué edad crees que tengo? Te pregunto con una sonrisa coqueta, con ojos de niña perdida con una herida de siglos, con un sueño infantil, con un orgullo raído.
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